Una forma que nos propone para conseguir este enfoque en los aspectos que añaden valor para el cliente es pasar de las "estrategias
para la satisfacción del cliente" a las "estrategias para la rentabilidad/éxito del cliente". Es decir, no pensar sólo si el servicio
suministrado cumple con las expectativas del cliente, sino también si este nota realmente este servicio en su cuenta de resultados.
El objetivo es "ser un compañero en la perpetua búsqueda de la optimización del beneficio empresarial de sus clientes".
En segundo lugar Peters nos propone otro cambio de mentalidad: pasar de pensar que comercializamos servicios a pensar que
comercializamos "experiencias". "Lo que vendemos – dice un ejecutivo de Harley Davidson – es la posibilidad de que un ejecutivo
de 43 años pueda vestirse de cuero negro, montar en moto por ciudades pequeñas, y ver como la gente se asusta de el".
Personalmente me parece una definición perfecta.
Peters expone que para llegar a esta "economía de la experiencia" que propone, antes hemos pasado por varios fases: primero fue
la "economía de las materias primas", luego vino la "economía de los bienes de consumo", posteriormente la "economía de los servicios",
y finalmente hemos llegado a la "economía de la experiencia". Para ilustrar este proceso nos propone un ejemplo con un pastel de
cumpleaños para nuestro hijo:
- En los años cuarenta nuestras abuelas compraban la harina, el azúcar, etc. y con ellas realizaban el pastel de cumpleaños.
Era la "economía de las materias primas". Coste del pastel: 1 euro (por ejemplo).
- Una generación más tarde la "economía de los bienes de consumo" pone al alcance del consumidor una cajita con todo lo necesario
para hacer un estupendo pastel. Sencillo, rápido y cómodo, pero la cajita cuesta 2 €.
- Quince años más tarde ya compramos cajitas de pasteles en nuestra vida normal, ya no es un lujo. De modo que ahora cogemos
10 € y nos compramos un pastel en una pastelería especializada, con la cara del niño dibujada y que, incluso, pueden llevarnos a
casa. Estamos en la "economía de los servicios".
- ¿Y que pasa en la "economía de la experiencia"?, pues que tenemos una empresa especializada en eventos que se ocupa de todo y
nos manda a casa un grupo de payasos, el pastel, el confeti, y todo lo necesario para que la experiencia del cumpleaños del niño
sea inolvidable para él. Ya no buscamos solamente el pastel, buscamos la sorpresa, la fiesta, la experiencia… ¿el problema?
Que nos cuesta 100 €.
Como vemos, el paso final añade el 90% del conjunto del valor añadido: es un paso gigantesco, pero es el paso que Peters propone
que debemos dar en nuestras empresas: pasar de suministradores de pasteles con bajo margen a suministradores de experiencias
con mayor margen. La clave, en la ecuación de la competitividad es no sólo buscar reducciones de costes, sino también apostar
decididamente por aumentar el valor, y para ello debemos centrarnos no sólo en el servicio que suministramos, sino en toda la
experiencia que rodea nuestro contacto con el cliente (y en el caso de empresas como cliente final, como esta experiencia
repercute en su cuenta de resultados).
Crear experiencias no es fácil, y hacerlo con costes contenidos, aún menos, de ahí la importancia de que la empresa trabaje como
un conjunto de ESP's perfectamente coordinadas y remando en la misma dirección: es la única manera de conseguirlo. Por otro lado
también es necesario tener espíritu "aventurero": tener un ánimo creativo y apasionado. Y ello implica enfocarse en trabajar
en proyectos "alucinantemente grandes" (en palabras de Steve Jobs). Es decir proyectos que realmente pretendan "cambiar el mundo";
cambiar el enfoque tradicional de hacer las cosas, buscar un éxito "alucinantemente grande"… Atreverse. Esta es la clave de lo
que puede ser un gran éxito. También de un fracaso, ese es el riesgo que hay que saber correr. Pero ya se sabe el dicho: la
diferencia entre el que se sube a un taburete y el que sube al Everest es una cuestión de miras…