Al último que podía estar en dos sitios a la vez lo crucificaron. El resto sólo podemos estar en un sitio y en él, elegir lo que podemos (y debemos) hacer
y lo que no. En ocasiones, lo más difícil de esto no es saber a qué decir que sí, si no saber a qué decir que no y tener la claridad de ideas necesaria
para llevarlo a cabo.
Establecer prioridades (y respetarlas) es casi un arte. Hay que valorar muy bien qué se DEBE hacer, en función de un análisis de la situación de la empresa
y el entorno, y que se PUEDE hacer con los recursos disponibles: humanos, financieros, intelectuales… Y aparcar (vigilándolo, por si las crisis) todo lo demás.
Nuestro nombre Abc.Systems, se deriva de los Análisis ABC, y por ende de su hermano pequeño, el Principio de Pareto o del 20/80. Este indica que en casi todos
los conjuntos, hay una minoría de elementos que suponen la mayor parte de los resultados. Es decir, casi siempre veremos que en cualquier conjunto, los elementos
realmente críticos son una minoría. Esta minoría de elementos realmente críticos son los que debemos establecer como prioridades (que se irán modificando con
el tiempo), y ocuparnos de ellos. Esta es la estrategia adecuada para establecer prioridades.
La planificación es la hoja de ruta para conseguir los objetivos que nos hayamos marcado en función de nuestras prioridades. Tener claro lo que se debe hacer
en cada momento evita malgastar el tiempo y mantiene a raya la procrastinación. Al final, todos los pasos anteriores se hacen con el objetivo de llevarlos a
la práctica y obtener un beneficio de ello. ¿Si no perseguimos nuestras prioridades, de qué vale establecerlas?
Una planificación consistente, basada en datos y ejecutada por un equipo profesional aumenta considerablemente las probabilidades de que la empresa consiga
los objetivos marcados. De esta manera, no solo se gana seguridad en que las tareas que se realizan de la manera correcta sino que fortalece la estabilidad
emocional de sus miembros al obtener un negocio rentable a la par de una vida personal equilibrada.
Si conseguimos asentar nuestro trabajo y organización sobre estos cinco pilares, gestionar un negocio rentable y una vida equilibrada, sin llegar a ser totalmente
fácil (hay que tomar decisiones, y existe el riesgo de fallar), está a nuestro alcance, y lo estará cada vez más con el transcurso del tiempo. Ignorar la
prioridades y la formación, querer sustituir al equipo en sus funciones, carecer de herramientas adecuadas y/o no ser disciplinado nos vuelve incapaces de
aprovechar las oportunidades, básicamente porque malgastamos nuestros recursos y, creamos debilidades que puede aprovechar nuestra competencia. Por suerte,
aplicar estos cinco pilares básicos no requiere de un esfuerzo titánico sino adquirir la fortaleza y mentalidad adecuada para realizar el trabajo, invirtiendo
un poco de tiempo cada día. Por tanto, contar con disciplina, equipo, formación, herramientas y prioridades dentro de la empresa es necesario para cualquier
persona que quiera disfrutar de su negocio y de una vida personal equilibrada. Al final, dar pasos firmes, aunque sean pequeños, marcan una gran diferencia a
medio/largo plazo.