Como hemos comentado, en las empresas grandes normalmente tienen equipos profesionales y dedicados en exclusiva a estas labores. Poco podemos aportarles en este
aspecto.
Sin embargo en las empresas pequeñas se hace una labor más artesanal. Debido a que los volúmenes de compra son mucho menores, se dificulta el acceso a muchos
distribuidores y a casi todos los fabricantes. Para volúmenes pequeños el coste de la distribución (llevar el producto a la unidad) puede ser incluso más caro que
el producto vendido.
Es por ello que el primer paso normalmente de una empresa pequeña es aprovisionarse yendo a buscar el producto a plataformas de distribución (tipo lonjas,
Mercamadrid, Mercabarna, etc), grandes superficies especializadas (tipo Makro), hipermercados normales (como Mercadona, Carrefour, etc.) y distribuidores que por
su gran capacidad de distribución son accesibles sin encarecer demasiado el producto (como los que tienen casi todos los distribuidores de bebidas, por ejemplo).
Entre otras, una razón muy importante para tomar esta determinación es que el coste de ir a buscar estos productos en muchas ocasiones no
se contempla: va a comprar el gerente o el dueño del negocio en su "tiempo libre" con lo que no se carga un coste al negocio. Y por otro lado, si no se hacen
labores administrativas de gestión de coste de producto, los problemas derivados de este tipo de compras no se notan: cambios de precios y referencias constantes
suponen un trabajo muy importante de control, que si no hacemos desbarata totalmente nuestros esfuerzos de controlar el coste de producto.
Si bien en función de nuestra capacidad de compra y nuestra capacidad de gestión y control, puede que no nos quede otro remedio que hacer a este tipo de
proveedores nuestra fuente principal de aprovisionamientos, debemos ser conscientes de los pros y contras de los mismos.
- El coste de ir a comprar no es "gratis". Aunque "no se pague" porque lo hagamos "en nuestro tiempo libre", esto no es real: ese tiempo lo deberíamos emplear
en otras tareas que control del negocio que proporcionen a este mayor rentabilidad y ventas, y que, en la práctica, terminamos no haciéndolas porque "no tenemos
tiempo", y "no tenemos personal con capacitación que lo haga".
- La constante modificación de formatos, referencias y precios termina haciendo imposible el control de producto, esto significa que perdemos los márgenes donde
creemos que los tenemos y terminamos pagando por los productos mucho más de lo que creemos.
- No hay estabilidad contrastada de productos en muchos aspectos esenciales: podemos encontrar productos que nos gustan mucho, creamos un plato con ellos, y la
semana siguiente la referencia ha desaparecido o se ha doblado el coste.
Esta misma dicotomía la tenemos entre los productos frescos versus los productos congelados. En muchas ocasiones compramos productos "frescos" (o eso creemos que
son) porque nos dan mejor "calidad". En ocasiones esta mayor calidad es completamente real, pero en otras es una falsa percepción, y debemos asegurarnos que el
cliente realmente "lo va a notar", porque si no es así estamos tirando el dinero.
La administración del negocio requiere la búsqueda de "estabilidad" en muchos aspectos: de precios compra para no cambiar los precios a los
clientes constantemente o perder margen, de tiempo de trabajo porque tenemos unas jornadas de trabajo limitadas, de calidades para que el cliente "sepa" lo que va
a "encontrar" en nuestro negocio, porque el cliente generalmente recordará más lo malo que lo bueno, etc. etc. Y esa estabilidad debemos buscarla y negociarla con
proveedores que nos la garanticen… y ello tiene un coste. Debemos asegurarnos de en qué medida nos estamos "ahorrando" este coste con precios más baratos, porque
en la mayoría de las ocasiones, en realidad, lo pagamos y más caro, solo que de manera indirecta y no tan perceptible a primera vista, como ocurre con un precio.
Y luego debemos contemplar el aspecto de la "evolución" en nuestro negocio: el hecho de que hoy nos aprovisionemos con un proveedor, sea el
que sea, no obliga a que estemos casados con él para toda la vida. La búsqueda de nuevos proveedores es un trabajo constante que nunca se puede dejar.
Ferias, revistas especializadas, la competencia y nuestras amistades en el sector, y por supuesto internet en sus múltiples formatos nos irán nutriendo de
información que nos permita elegir en cada momento cual es el proveedor más adecuado para nosotros. Ahora sólo falta llegar a un acuerdo con él. Veamos algunos
puntos que nos ayudarán.